El director de orquesta de Intereconomía prepara un ciclo de conciertos de jóvenes talentos llamado Must Talent Festival.

ramon-torrelledo-port-2

Son jóvenes con un talento único, entregados completamente a la música desde niños. Sin embargo, muchas veces ese virtuosismo permanece escondido, hasta que alguien lo muestra en público. Con esa vocación nace Must Talent Festival, un ciclo de nueve conciertos que se celebran los meses de mayo, junio y julio en el Ateneo de Madrid, dirigidos por el maestro Ramón Torrelledó. Un director de orquesta muy especial, que se autodenomina “exiliado cultural” porque tuvo que abandonar España para ejercer su profesión en Rusia, y regresó hace siete años.

-Dice que el Must Talent Festival parte de un sueño, ¿cuál?

-Es el sueño de los chicos, la empatía de ponerse en el lugar de un niño que empezó a tocar con cuatro años, cuya familia ha apostado todo por un futuro muy incierto pero guiados por la vocación, por el talento, por la música. Es el sueño de quien comenzó una aventura, desea tocar las grandes páginas de la música, en las grandes salas de concierto.

-¿Qué ocurre cuando se descubre el talento?

-El talento es tan irrefrenable que lo tienes que seguir. El problema es cuando tus padres detectan que tienes talento, porque saben que la sociedad no valora tu profesión, no puedes pagar el recibo de la luz. Esto no es una carrera de cuatro años, que si no sale bien haces un master y cambias. Son veintitantos años de estudio, todo el día en ello. Cuando los padres detectan este talento tienen la obligación moral de desarrollarlo, es un gran riesgo en el que se moviliza toda la familia, aunque no tenga disposición económica. Hay una niña de doce años que va desde Madrid a Badajoz todas las semanas para estudiar piano y violín, toca las dos cosas a nivel muy alto. Hay una historia detrás.

-¿Qué persigue este festival?

-Es un apoyo a toda la gente que vive con absoluta verdad. Son músicos cargados de talento, superdotados. Les vamos a ayudar poniéndoles un escenario para desarrollar el talento. Les sacamos del anonimato. Intentamos que la gente conozca esta realidad. Las melodías de tres minutos, copla estribillo, son divertidas. A mí me gustan los conguitos, pero sé que no son lo mejor. Aquí están creciendo, gente que se dedica al estudio de la música. A mi me encantan los acordes también, pero la música está hecha de géneros, y tienen que saber que hay muchos: el del garaje y el de la sinfonía de dos horas.

-El Must Talent Festival lo conforman nueve conciertos matutinos en el Ateneo de Madrid. Son ciclos-conferencia. ¿En qué consisten?

-Cada uno actúa solo. Hay dos conciertos que voy a dirigir desde el clave, tengo un grupo que se llama L’aPartytura Consort, pero para el primer domingo he seleccionado a músicos jóvenes con talento que van a tocar conmigo, somos seis o siete personas. El siguiente domingo viene un pianista solo, y otro día también, luego vuelvo a aparecer yo. Hay un programa doble, en el que dos hermanas tocan la viola y el violín, y después el pianista.

-¿Es un ciclo completo hilvanado con sentido?

-Sí, son conferencias concierto, y cada domingo aunque el músico toque su repertorio hay un leitmotive: el talento en las composiciones, en el que lo hace y el talento a través de la historia y el talento de la familia que protege todo eso. Hay una parte humana, las experiencias de vida de cada chico. El chico que está ocho horas jugando a la consola es feliz, pero el que está ocho horas estudiando el piano es un monstruo.

-¿Cuántos jóvenes participan en este ciclo?

-Son veinte solistas más un coro de niños de la Escolanía de Segovia, de la Fundación Juan de Borbón. Es muy importante cantar, antes de palabra somos música. Cuando cantas desarrollas la empatía, cantas y le das lo mejor al otro, es un mundo de emoción y de interconexión tan grande que te estás desarrollando para la vida. No hay un instrumento mejor y más directo que el de un coro angelical de niños. Ni Sabina, ni Mozart son mejores que los niños cantando.

-¿Cuál es la historia de Elina Rubio?

-Elina tiene 17 años y su madre es violinista, toca en la Orquesta del Palau de Valencia, es buenísima la orquesta. Quizá para que ese talento progrese adecuadamente, si eliminas cargas familiares de dependencia y de intoxicación doméstica en el desarrollo puede ser positivo. La chica se va a Dresde con el beneplácito de la familia y allí está triunfando. La han cogido como imagen de una multinacional alemana, sale en todas las televisiones. Ella podría tener la manutención aquí, pero quiere más, y toman esa determinación familiar de amor: vete, sigue tu camino, sé quien tienes que ser, no la persona que yo quiera. Hay un acto de libertad.

-¿Y Paula Sánchez?

-Tiene 12 años y toca el piano y el violín, pero no en plan familiar, toca en una sala de conciertos, toca las obras de los grandes al piano y al violín, termina con un instrumento y va con el otro, que tienen técnicas completamente diferentes. Tiene 12 años y es absolutamente normal. Este festival es para contribuir a normalizar las situaciones. Ojalá pudiéramos hacer más y obligar a la música entrar en el sistema educativo.

-Quizá el problema es que en España se trata la música como ocio, y no como una forma de inculcar valores.

-Exacto, está cargada de valores. ¿Qué tiene más valor que ir confeccionando tus conexiones neuronales como para ponerte delante del público con 7 años y hacerlo tú solo? Tienes que hacerlo solo, y no se puede repetir, es ese momento. Eso te da una herramienta de fortalecimiento interior para la vida. Los músicos tenemos una cabeza muy estructurada, la música es estructura pura.

-Sostiene que hay que proteger y desarrollar el talento. ¿Se fomenta poco el talento hoy día?

-En el aspecto educativo, generalmente no. La gran discusión es el decreto sobre la educación. ¿Cuál es el fin de la educación? Si son enseñanzas para incentivar a la gente, si hay una parte científica, la socialización, las matemáticas… falta determinar a qué se va a dedicar el individuo. Parece que estamos haciendo una educación para hámsters, gente que consuma, que trabaje para que gaste. En ese sentido no se apoya el talento, ojalá se apoyase. Hay instituciones privadas que sí lo hacen, pero institucionalmente no. Sí se hacen golpes de marketing para apoyarlo, como las campañas de las empresas que apoyan el talento, o la publicidad que ahora dice que es con emoción. ¡Es increíble! Yo no he vivido mi vida si no es con emoción, no he hecho otra cosa que emocionarme. No se ha apoyado la música por falta de modelo explícito.

-¿Cómo descubrió usted la música?

-Mi padre, somos seis hermanos y mi padre era músico, era compositor, dirigía coros, era un chalado de la música. He crecido con su piano, con su cigarro en la boca mientras componía. Todos los hermanos tocan instrumentos, pero él detectó en mi un talento diferente al resto de los hermanos. Yo no era consciente, en la salita teníamos la televisión y había un piano, y cuando él determina que tengo que ser músico, me quitaba de la televisión y me ponía a tocar. Fue esa determinación, que yo no entendía, la que me hizo crecer en la música. Cuando hablo de la familia no es sólo amor, es ser muy determinante con el reto.

-Y se hizo director de orquesta.

-Soy un exiliado cultural, quise ser director de orquesta en su momento y aquí no había orquestas cuando empecé. Me fui a Rusia, cuna de las orquestas, allí me metía a las 9 de la mañana en el teatro y salía a las 10 de la noche, y era feliz. He vivido en Rusia 16 años, vine a España circunstancialmente hace 7 años, pero estando allí ha tenido mucha relación con estos chicos, he dado conciertos para la UNESCO, chicos filandeses, japoneses… Muy asociado con las fundaciones.

-¿Cómo animaría a las familias a que descubran la música a sus hijos?

-Partiendo de que no existe un gabinete psicopedagógico en los colegios, detectando el talento, hay que estar alerta para saber a qué cosas responde el niño con más fruición. Cuando le pones música en casa, si le pones una música, el niño reacciona, y tú observas, y le preguntas qué le ha sugerido. Juegas pero a la vez detectas cosas. Todos tenemos una capacidad.

-Cuando las familias llevan a sus hijos, los niños se identifican, y les abren ese camino.

-Es un espejo, claro. Los niños cuando ven a otros niños se identifican, son pares. Por lo menos, si no se va a dedicar a la música, ha descubierto un mundo. Es una actividad pedagógica en su máxima expresión.

-Es la primera edición de este ciclo, ¿nace con vocación de repetirse?

-Absolutamente. En el folleto hay una bailarina tocando el violín, porque la idea es que no sólo sea música. La idea es hacerlo bonito, con el máximo respeto.